Lo más cercano de estar en el olimpo es ser un alférez de la academia
militar, al recibir el sable de mando se caracteriza por ser un individuo integro, con las capacidades de
tomar decisiones tan rápidas, lógicas y oportunas como la ocasión lo amerite.
Se acerca a la perfección en lo que a la experiencia militar corresponde, sus aptitudes
físicas van más allá del esfuerzo, es la experiencia. Su actitud es tan fuerte
como la de un oficial, pero sin la de estar en un cuartel convencional, es la
meta del cadete de primer año y le ha costado tres (03) años de su vida, llena
de obstáculos, baches, buenos y malos momentos durante su periodo de formación.
Ya en este momento lo que desea es graduarse, aunque algunos tendrán la
dicha de comandar cadetes, otros solo estarán en la compañía de curso militar
esperando a defender su tesis y posteriormente recibir el titulo que lo
acredita como Licenciado en Ciencias y Artes Militares para luego poder
ascender al grado de Teniente.
El alférez camina y tiene todos los privilegios que solo en ese año puede
tener, ningún cadete menos antiguo que él camina, todos corren, va al gimnasio
sin supervisión, camina tranquilamente al casino e incluso tiene el poder de
sancionar a cualquier subalterno del curso general. No es fácil poder llegar a
tener estos privilegios, aunque por muy tontos que parezcan, en cualquier
academia militar esto es un lujo.
Su estrella en la parte baja de los hombros resplandecen como el sol a la
luna y cualquier subalterno que la vea debe temblar, no se atreve a pasar por
un lado por muy apurado que ande, la disciplina y el respeto se lo prohíbe y
esto se ve solo en el submundo del cadete. Las ordenes que reciben ya son parecidas
a la de un oficial, aunque por su situación como cadete no le permite ejecutar
ninguna sin supervisión de un superior.
Las actividades son supervisadas por el cuarto año, con la finalidad de crear
el sentido de pertenencia, de supervisión y responsabilidad con su tropa. No
pueden faltar a ninguna actividad porque su presencia es de vital importancia
para mantener la disciplina en caso que el tercer año no pueda (cosa que no
pasa), más sin embargo prevalece en todo momento.
Experiencia personal como alférez:
Con la jerarquía de alférez fui designado para comandar el pelotón del que fui reemplazante el año pasado, el primer pelotón (pelotón modelo), de la compañía de ingeniería militar del batallón independencia. El comandante de batallón era el Tcnel. (FF.EE) Emiliano Segarra, quien nos haría la vida de cuadrito al cuarto año del batallón.
El comandante de compañía era el Capitán (ingeniero) David Raldiriz, quien
seria mi mayor ayuda durante mi formación en este periodo del cuarto año,
debido a que era un excelente oficial de la especialidad y varias veces metió la
mano al fuego por los alféreces de su unidad fundamental, cosa que ningún oficial
había hecho por nosotros.
Siempre lleve a mi pelotón al excito en todas las situaciones que se nos presentó
un obstáculo, la primera orden que le di al brigadier de mi pelotón (reemplazante)
fue, hacer lo mismo que yo hice de él cuando era cadete de segundo año. Supervisaba
todo lo que hacían para evitar las faltas, enseñaba todo lo que mis superiores
no me enseñaron e hice todo lo que me hubiese gustado que hicieran con nosotros
y gracias ellos en reiteradas ocasiones recibimos ovaciones por parte del
comando superior.
Todas las noches bajaba mi pelotón a hacer ejercicio en el gimnasio al aire libre de la academia, a quien tenía que sancionar sencillamente lo dejaba arrestado el fin de semana o le ponía un reto durante la semana para motivarlo a mejorar y anulaba el reporte de conducta. Son pequeñas cosas que hacía para que el cadete superara sus condiciones físicas y reforzara la disciplina de mi unidad básica.
Muchas veces fui victima de llamado de atención por sancionar al tercer año
en el patio de formación, debido a que en muchas ocasiones relajaban la
conducta y cuando aprendieron que yo no era una persona para relajarse se
metieron en situación. Ya tenia en mi psiquis grabado como memoria muscular que
los cadetes aprenden de dos maneras:
1. Por convicción: Es la seguridad que tiene el subalterno para hacer y cumplir con las responsabilidades de manera voluntaria y convencido que es su deber cumplirlas.
2. Por la coacción: Es la forma en que se obliga al subalterno a cumplir una orden a la fuerza o como decimos coloquialmente, por las malas.
Por ende, los llamados de atención del tercer año eran pasadas las 0000
horas de la madrugada y por esta acción que tuve que tomar se metieron en situación
y el pelotón siguió creciendo.
Lamentablemente hay muchos cadetes que por el mismo estrés diario omiten el cumplimiento de las ordenes al pie de la letra y se debe aplicar cualquier medida disciplinaria para obligar al cumplimiento de la misma, aunque uno de los factores del liderazgo esté en contra de esta acción, es necesario aplicarla.
Cuando existe plena convicción de lo que haces las cosas salen de la mejor manera y es lo que se le trata de enseñar al cadete, aunque en ocasiones por la misma inmadurez cueste un poco más de trabajo el objetivo se debe cumplir porque el oficial militar no puede ser inmaduro, blandengue ni mucho menos cobarde.
El alférez es capaz de entender esto y aplicarlo a sus subalternos, por la necesidad y la obligación de hacerlo es lo que permite que el aspirante a oficial internalice que esta carrera no es un juego y el sacrificio que amerita no es para nada normal a otra carrera convencional. Muchos son los que aspiran llegar a la meta pero son pocos los que pueden.
En mi experiencia personal solo supervise y aplique el comando en base a lo que yo quería de mis cadetes, continué manteniendo mi aptitud física y aunque en muchas veces la operación de apéndice me molestaba no podía demostrarlo. Siempre mantuve analgésicos en mi escaparate para evitar el dolor y evitar mal inconvenientes con mis superiores.
En el mes de enero del año 2017 fui seleccionado para ser comandante de pelotón del C.E.F.O.C (curso especial de formación de oficiales de comando) y la comandante de compañía era la Capitán. Gladys Rodríguez Morillo. Este fue un grandioso reto, debido a que los oficiales que formaría serian profesionales en las carreras de ingeniería civil, ingeniería mecánica, administradores públicos, entre otras carreras civiles.
A diferencia de comandar cadetes convencionales, estos eran personas adultas con experiencia profesional, pero el gurú de la carrera militar era yo, pues decidí ponerme a prueba y sacar el mayor rendimiento de estos individuos que aspiraban ser oficiales en un (01) año y medio. La instrucción debía ser más rápida y tenían que aprender lo que nosotros en menos tiempo; el reto había comenzado.
En pocos meses volví a resaltar con mi pelotón, pero en este momento fue definitivo y en varias ocasiones fui acreedor de felicitaciones escritas por la rápida convicción militar implantada en esos novicios que aspiraban en algún momento de sus días ser un cadete convencional. Su periodo de campo fue en las maniobras del P.A.O y por ende la exigencia estuvo al máximo. Tenían un gran espíritu de trabajo, la profesionalidad los llevo a la excelencia y la madurez les llevo a entender que no era un juego.
Aún logro recordar como si fuera ayer a los cadetes de mi pelotón, fueron excelentes combatientes, aprendí mucho de ellos e incluso el actual Ptte. Graterol Toro Roiner ayudó a finalizar mi proyecto de grado. Son cosas que uno como persona aprende a valorar, así como yo sé que él valora todo lo que aprendió del Alférez Heiven Pérez Solòrzano.
En el mes de mayo de ese mismo año presente mi proyecto de grado y días después obtuve el titulo de Licenciado en Ciencias y Artes Militares mención Ingeniería. De ahí en adelante solo esperaríamos el ascenso a teniente y me enviaron a la compañía curso militar a disfrutar solo del gimnasio, el casino, las horas de películas y algunos días de ocio.
En fin, fue el mejor año certificado de mi formación como cadete, los días pasaron volando y el 05 de Julio por resolución presidencial realizamos el acto de ascenso al grado de tenientes de la promoción Bicentenario del Natalicio del General del Pueblo Soberano “Ezequiel Zamora”, promoción conocida como los invictos trescientos.
En los siguientes
artículos estaré relatando experiencias especificas vividas en mis días como Teniente
y Primer Teniente del ejército venezolano.







