El 15 de julio del año 2013, recuerdo muy claramente que era un día nublado, hacìa frio y nos encontrábamos en el teatro de la AMEB (Academia Militar del Ejercito Bolivariano), completamente asustado. Vestía de camisa blanca con rayas azules, pantalón azul marino, zapatos negros y correa negra, lucía un corte de cabello degradado con la parte de arriba algo larga para el gusto de los oficiales que nos recibían. Si quieres saber de la academia militar del ejercito haz click aquí.


Asp/cad Heiven Perez Solorzano


Luego de haber chequeado mi nombre en la larga lista de 809 aspirantes a cadete que a partir de ese día seriamos compañeros, todos con un sueño, una meta, un anhelo que en ese momento solo se podia resumir como ansiedad y miedo por iniciar una vida que para muchos era desconocida. 

El General director de la Academia “G/D Jose Adelino Ornelas Ferreira”, nos daria la bienvenida a la casa de los sueños azules y una vez finalizado daria inicio al periodo de familiarización en las instalaciones de nuestra alma mater el cual tendria una duracion de quince (15) dias.


Al salir del teatro comenzó el horror.

¡maletas al hombro! 

Se Escuchó fuertemente un grito a mi espalda, era un alférez (cadete de cuarto año) que nos ordeno caminar de cuclillas hasta los dormitorios con los bolsos en nuestros hombros. Muchos se sintieron ofendidos, talvez desorientados como si no supieran donde estaban, no sabían quienes eran esas personas y mucho menos sabían el porque de esa orden y en columna de a dos ibamos cruzando el glorioso patio de armas de la AMEB para realizar una formacion en la cual establecerian la conformidad de los aspirantes por pelotones, compañias y batallones.


Al llegar al dormitorio nos esperaban quienes a partir de ese momento serian nuestros comandantes de pelotón o quienes estarían encargados de nuestro aprendizaje, nuestra salud y nuestra formación como aspirantes a cadete durante esos espantosos 15 días. En ese momento pertenecía al 5to pelotón de la 2da compañía “Batalla de Pichincha” del batallón de cadetes Leander. El comandante de Batallón se llamaba en ese momento Tcnel. (Blindado) Pedro Esteban Gonzalez Ovalles y nuestro comandante de compañía sería el Capitán de Infantería Carlos Guevara Rojas, el comandante de pelotón sería el Alférez de Infantería Greiner López Sierra.


Ese mismo día nos paramos de platón (Firmes) desde que pisamos el dormitorio hasta que sonó una corneta (toque de trompeta llamado "Retirada") que indicaba formación de todo el personal que se encontraba disponible y los aspirantes debían bajar correctamente uniformados de franela roja, pantalón azul, zapatos blancos, gorra negra y correa negra. ¡de nuevo comenzó la locura!. Locura que llegaría a amar en los meses siguientes.

¡5 minutos y todo el personal esta fuera del dormitorio correctamente uniformado! Gritó el alférez.

Al sonar de nuevo la corneta (toque de retirada), ya nos encontrábamos bajando las escaleras de nuestra compañía, en correcta formación y todos desordenados en los pasos, el alférez volvió a gritar:

¡Trote a 90º cuerda de nuevos!

Y todos subimos las piernas a 90º todo el transcurso del desplazamiento hasta el área del patio donde debíamos formar el pelotón. A la lejanía se escucho un fuerte grito que decía:

¡Altooo!

Y todo el personal adopto la posición fundamental (parada firme) y nosotros imitábamos todo lo que ocurría. Era uno de los capitanes que se encontraba en el patio y pedía permiso al coronel (aviador del ejercito) Enrique José Arocha Rivas, comandante del cuerpo de cadetes, para mandar a continuar. En ese momento quería dirigir unas palabras de bienvenida a todos los aspirantes que nos encontrábamos en formación.

Luego de un gran y motivacional discurso de bienvenida nos enviaron a formación nuevamente y la orden fue que nos llevaran al comedor a deleitarnos de una rica comida de bienvenida: arroz quemado y aguado, pescado guisado y licuado con jugo q sabia mas a agua que a néctar.

Salimos del patio trotando a 90º en correcta formación nuevamente y así serian los 14 días que nos esperaban posteriormente.

Al llegar al comedor nos sentamos en mesas grandes con plazas para 10 personas, dos alféreces por mesa y el resto eran aspirantes a cadete. La comida seria servida luego de haber dicho la oración de entrada (la cual teníamos que aprender obligatoriamente).



Los platos limpios y blancos, los vasos, cucharilla, tenedores y servilletas ya estaban alineados, cubiertos (uno detrás de otro) todo preparado para servir.

La comida estaba en el centro de la mesa como si fuera un banquete, la jarra del jugo estaba sudada de lo frio y la comida también estaba fría, muy fría.

¡Servirse! Dice el alférez más antiguo.

¡Tienen 10 segundos y han ingerido el arroz!

¡Comenzad!

Todos comimos solo el arroz.

¡Tienen 10 segundos y han ingerido el pescado!

Y todos nos veíamos la cara con plena riza en la cara, sonrisa que se nos quitaría al minuto siguiente.

¡Cesàr! Dice el alférez (empuñar las manos sobre la mesa, sacar pecho, levantar el mentón y pegar los tacones de los zapatos).

Tienen 5 segundos y han echado lo que les quedo sobre el plato en el jugo.

¡Dios mío! <dije en mi mente>

¿Qué es esto? Nos preguntamos todos.

¡Revolver todo en el vaso! <dice el alférez>

¡Voy a contar 10 y se han bebido el jugo! Aclara el alférez

Y todos con ganas de no hacerlo nos vimos las caras y ya no teníamos esa sonrisa en el rostro.

Al beber el jugo revuelto con la comida me dieron ganas de vomitar y el alférez me dice, si lo haces te lo comes de nuevo. Un compañero no aguanto y vomitó.

Adivinen ustedes ¿dónde se llevó el vómito? se los dejo a su imaginación.

Al salir del comedor con la barriguita bien alimentada, trotamos de nuevo al dormitorio a continuar con las actividades pautadas para ese día. Nos presentamos, acomodamos escaparate, organizamos listas del personal, nos dieron 10 minutos para ducharnos un aproximado de 40 personas y el resto del tiempo pagamos mucho pero mucho plantón.

A las 2045 horas sonó de nuevo una corneta (trompeta) que indicaba la hora de dormir, de cambiarse el uniforme a pijama. De nuevo se escuchó el grito del alférez:

“tienen 30 segundos y todos se han cambiado de pijama”.

Zapatos volaban por los aires, franelas, se escuchaban golpes, gritos ¡Una total locura!

Arreglamos las mesas como pudimos, recogimos todo lo que estaba tirado y nos mandaron a acostar en 5 segundos y quien quedara de pie seria sancionado. Esa noche dormimos 4 horas porque el alférez tendría rondín y debía irse del pelotón pero que al día siguiente pagaríamos ese momento de descanso, pues, así fue. (Continuación, segundo día en la AMEB).

Ese día conocí a quien a partir de esos días serian mis mejores amigos, compañeros y hermanos Derwin Pinto Uray, Jorge Luis Riera, Ricardo Rivas Palencia, Ocanto López, Reni Vegas, Moran Querales y quienes en este momento son excelentes oficiales.

 

 

Nota: Estoy omitiendo ciertas cosas, palabras y actividades que no veo correctas mencionar acá por motivos personales y que no serian bien vistas por la comunidad.

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