De niño mi padre nos regalaba a mi hermano y a mí armas de juguete, él era para ese entonces oficial de la policía de Aragua y para nosotros era el mejor regalo que nos podía dar aparte de su presencia. Quizás nos las daba para desarrollar un poco de interés en la carrera de las armas o tal vez seria porque le gustaban. Lo cierto es que toda la vida tuve inclinación al interés por el armamento, sencillamente vivía metido en una fantasía de la guerra.
Fui creciendo con el pasar de los años y mi pasión estaba oculta, solo me dediqué
a los estudios de la primaria y la secundaria sin darle muchas vueltas al tema
de la carrera profesional, solo me interesaba pensar en superar el reto momentáneo
que eran las horas de clase. La medicina como carrera me gustaba, quería ser
medico forense pero los estudios eran muy costosos para pagarlo solo, mis
padres no tenían los recursos y todo ese tema giraba en mi entorno
como un problema que debía resolver rápidamente.
Para ese entonces era el año 2010 y por la bendición de Dios ya era un
padre muy joven, cosa que me obligo a madurar rápidamente y a saber que no
podría contar mas que con la ayuda de mi esposa, mi madre y algunos otros
integrantes de mi familia, mas sin embargo nada era regalado ni mucho menos de
la mejor manera, porque para mayor tristeza muchos vieron a mi hijo como la
destrucción de mi futuro.
Sin darle importancia a lo que muchos familiares pensaron, decidí abrirme
paso solo con mi familia y una que otras veces recibía la ayuda de algún
pariente cuando mas lo necesitaba. Al momento de graduarme ya tenía en mente
buscar la manera de migrar a otro estado a buscar las posibilidades de poder
estudiar y trabajar sin ausentarme del hogar.
Una mañana en casa de mi abuela llego mi primo hermano Bernardo Solorzano y
me menciona que hay posibilidades de presentar en una academia militar y siendo
menores de edad podíamos ingresar, pero no sería fácil porque muchísimas
personas de Venezuela se postulan anualmente para obtener un cupo y la gran
mayoría de los que iban eran hijos de militares, estaban recomendados o eran
familiares de altas personalidades del gobierno.
Lo cierto del caso es que decidí optar por la carrera militar sin saber que
despertaría los sentimientos que llevaba ocultos en mi personalidad, a tal
punto de presentar tres (03) veces en la academia militar de la guardia
nacional y dos (02) veces en la del ejército.
El 08 de agosto del año 2013 ingresé como aspirante de la academia militar
del ejército y después de un largo proceso de formación me gradué como
licenciado en ciencias y artes militares el 05 de julio del año 2017, con el
grado de teniente. En ese momento Venezuela era un caos, había para ese
entonces escasez de comida, productos de aseo, entre otras cosas que eran de
vital importancia para el ciudadano venezolano. (Visualicen los artículos pasados)
Una vez graduado el oficio de presentación al batallón donde iba a trabajar
se encontraba en la concepción estado zulia, posición geográfica que se
encuentra limitando con Colombia y las cosas no eran muy buenas y pacíficas
como otras personas creerían. En ese mes debíamos participar en la operación
republica por las elecciones de gobernadores en apoyo a la REDI Central y
posteriormente nos darían unos días de permiso para luego tener que
presentarnos en las unidades militares a las directrices del comandante
general.
El 23 de agosto del año nos presentamos nueve (09) compañeros en el 624 Batallón
de Superación de Obstáculos “G/J Carlos Soublette”, unidad elite de la
especialidad de ingeniería militar. Un batallón de combate que sirvió como
escuela para aprender todo lo necesario que un oficial de ingeniería tenía que
saber para continuar una carrera tranquila.
La unidad (el batallón) era altamente operativo y tenía tanto personal de
oficiales como soldados porque para ese entonces no era tan grande el nivel de
deserción en la fuerza armada. Unos días después fui designado comandante del
primer pelotón, de la segunda compañía de ingenieros de combate y reemplazante
de la mencionada unidad fundamental. Unas semanas después también fui designado
como el oficial encargado del pelotón de demostración física del batallón.
Pocos meses después me destacaron en el núcleo de formación de tropas
profesionales de la 62 Brigada de Ingenieros de Combate “G/B Luciano Urdaneta”,
cuya sede estaría en el batallón donde asentaba plaza. Me dedique por un año a
la formación de la promoción #64 de TT/PP del ejército.
Luego de haber salido del núcleo de formación, nuevamente fui asignado a la
segunda compañía de ingenieros como reemplazante de compañía, comandante del primer
pelotón y oficial parquero de la compañía. Para ese entonces ya muchos
profesionales y soldados habían desertado del batallón, ya había iniciado la
calamidad de la deserción. El sueldo no servía para nada, la comida había disminuido
su calidad y las condiciones humanas no eran aptas para nadie.
En el año 2018, seis (06) de mis compañeros fueron cambiados a otras
unidades militares y uno de los nueve (09) que llegamos ya era desertor, las
cosas se habían complicado y solo quedábamos dos (02) en la unidad, el teniente
Atacho López y mi persona. A principios de ese año fui designado como
reemplazante de la compañía mando y servicio.
En el año 2019 fui designado como oficial de transporte y nuevamente me
cambiaron de compañía, pero con la particularidad que ya sería el comandante de
la primera compañía de ingenieros de combate, responsabilidad que tendría por
la falta de capitanes que en ese momento había en la especialidad de
ingeniería. Varios superiores se refirieron a ese caso diciendo que nadie
quería trabajar en ese batallón por las condiciones y el concepto que tenía. El
sol era inclemente, las temperaturas de 42º no eran para todo el mundo y mas de
uno se deshidrataba.
No quedaban casi soldados, era una minoría muy pequeña de tropas que para
ese entonces había, los periodos de captación militar (búsqueda de soldados)
eran del diablo, salir a buscar alistados era lo peor que podía pasar, nadie
quería prestar servicio militar, le pagábamos a las personas para completar la
cuota que nos exigían, con la finalidad de evitar sanciones. Era lamentable
todo lo que la tropa alista (soldados), tropas profesionales (sargentos) y
oficiales pasaban en ese momento.
Desde ese momento el ambiente tornaba hostil, la inmoralidad ya era algo
normal, los profesionales estaban tan agotados que ya no importaba la sanción,
que el comandante hiciera lo que quisiera, pero ya nadie estaba en condiciones
de pagar ni de gastar energías pidiendo cola para ir al conscripto militar.
La arenga de los oficiales al personal de tropa era de implorarles que por
favor consiguieran amigos y familiares que quisieran prestar el servicio
militar y no importaba si solo estaban un mes, pero había que completar la
cuota, cosa que hasta el sol de hoy aun pasan en las unidades militares.
En el año 2021 fui designado como oficial de inteligencia del batallón,
cargo que desempeñé por un lapso aproximado de seis (06) meses porque no habías
más oficiales para asumir el cargo, pero no conforme con esto también me
entregaron los bienes nacionales porque el sargento encargado falleció en esos
días.
Era comandante de una compañía, oficial de inteligencia, oficial de bienes
nacionales y encargado de ejecutar la guerra comunicacional del batallón, la carga
era grande, muy grande y todo esto gracias a que no había la cantidad de
profesionales que pudieran desempeñar un cargo cada uno. No fui el único
oficial que le ocurrió esto, fueron muchos los que estaban en esa misma
situación.
Al ver esta situación decidí hablar con el comandante de batallón para
tramitar mi cambio de unidad, ya eran tres (03) años cumpliendo funciones en
esa unidad, solicitud que en muchas ocasiones fue rechazada porque no querían
perder otro oficial. Lo mismo el año que paso (2020) postule para el cambio y
tampoco me fue concedido.
En julio del año 2021 fui transferido para la 64 brigada de ingenieros
ferroviarios, unidad donde nuevamente pude respirar profundamente y liberar un
poco el cargo de las responsabilidades de la ingeniería de combate.





