Luego de haber salido de permiso unos días después publicaron el listado definitivo de los aspirantes que debían presentarse en la academia militar nuevamente para iniciar los estudios como cadete, con la particularidad que aún no recibíamos la jerarquía de cadete de primer año, jerarquía que seria otorgada tres (03) meses después.



Después de todo lo vivido en la academia militar y de sentir nuevamente los placeres de sentirse libre y cómodo en nuestra casa, lo pensé dos veces para presentarme nuevamente, aunque los ánimos estaban por el suelo no podía evitar sentir que debía hacerlo, que debía afrontar el camino que por mucho tiempo había anhelado recorrer, pues me presenté. Realizamos el osculo a la bandera (reverencia) y continuamos con el acto de bienvenida.


El 08 de agosto del año 2013 nos presentamos un aproximado de quinientos aspirantes a cadete, un numero significativo que por mucho tiempo no habían podido ingresar en admisión de la academia militar. Muchos oficiales se preguntaron ¿Por qué se presentaron tantos? ¿Dónde los instalaremos si el curso general (resto de cadetes), ya están aquí? Cuyas respuestas las respondería el nuevo general que había recibido el cargo de director, “G/B Domingo Antonio Hernández Lares”.


Debido al gran numero de aspirantes esos tres meses fueron de muchos retos, muchas pruebas de valor y muchísimos obstáculos académicos donde solo los más aptos podrían recibir la daga que los acreditarían como cadete de primer año.

Una vez ingresado de nuevo a las instalaciones fuimos dotados con los uniformes de campaña, los cuales nos identificaban como los mas nuevos de la academia militar, como esos aspirantes bisoños que luego de haber aprobado todos los obstáculos que se nos colocarían podrían vestir el glorioso uniforme azul (uniforme de gala) el cual en sus hombros reposarían las caponas azules con una raya amarilla las que nos identificarían como cadetes de primer año.

¿Dónde alojaron a tantos aspirantes?

El cuerpo de cadetes de la Academia Militar del Ejercito esta conformado por dos (02) batallones de cadetes, una compañía femenina y una compañía de curso militar (alféreces que no comandan cadetes), cada batallón tiene cuatro (04) compañías y cada compañía tiene cuatro (04) dormitorios, es decir, que en cada dormitorio había un aproximado de veinte (20) aspirantes. Existía un exceso sobre poblacional que con los días se irían ajustando debido a la exigencia que cada día iba pasando.

¿Cuáles fueron las exigencias físicas, aptitudinales, actitudinales y académicas?

Es necesario simplificar esta respuesta por fragmentos:

1.    Físicas:

a)  Por instrucciones del director todos los martes y jueves (días de deporte) todo el personal del cuerpo de cadetes en la hora de educación física (0530 horas) debían trotar doce (12) kilómetros, según la ruta indicada.

b)  Todos los días al momento de realizar la formación para realizar el almuerzo, el cuerpo de cadetes debía realizar un trote desde la academia militar hasta llegar al IPSFA de fuerte Tiuna y volver a regresar para posteriormente ir al comedor.




c)    Los lunes, miércoles y viernes eran días de deporte libre y cada cadete debía especializarse en alguna de las disciplinas deportivas de la academia militar, con la finalidad de prepararse para los juegos inter-academias de la universidad militar.

d) Todos los sábados serian días de rally militar, trote de 12km, cruce de piscina, lanzamiento de plataforma, levantamiento de vigas, cruce de la cancha de pentatlón militar, entre otras cosas que se inventarían.



 

2.    Aptitudinales:

a) Los aspirantes a cadete que tocaban algún instrumento musical eran empleados en alguna actividad extra catedra donde pudieran desarrollarla o utilizarla en pro a la academia militar, por ejemplo, yo canto música llanera y me enviaron al conjunto de música criolla, los que tocaban instrumentos como el piano los enviaron al coro religioso, y así en otras actividades como lectura, redacción, conjunto de gaitas, etc..

b)  Los deportistas que en algún momento fueron federados (representaron al país o estado) debían seguir preparándose para posteriores representaciones, pero esta vez a nivel militar. 

3.    Actitudinales:

a)    El carácter del cadete es uno de los factores mas importantes para reforzar, debido a que en todo momento debían prevalecer los tres (03) pilares fundamentales de nuestra institución armada que son: la obediencia, la disciplina y la subordinación. Quien era detectado faltando en alguna de las ya mencionadas seria automáticamente sancionado y en la mayoría de los casos, el aspirante era expulsado.

b) En esta altura ya el aspirante no sonreía, no pensaba, solo respiraba y hacia lo que le dijeran inclusive si la orden era estúpida. La energía con la que cumplía la orden ayudaba a despertar el espíritu del cadete que lleva dentro y los superiores lo veían, el cual hacia ver que el aspirante quiere aprender y tiene la disposición de hacerlo sin pensarlo.

c)  El espíritu que tenia para cumplir las actividades programadas con la inclemencia del cansancio físico y mental hacía resaltar la energía y el amor con que realizabas sus funciones, el cual era denominado como actitud militar y eso a los superiores les encantaba; por supuesto el aspirante que es así era bien visto y evaluado muy positivamente sobre sus compañeros.

4.    Académicas:

Èstas fueron una de las exigencias más drásticas con respecto a todas las demás, debido a que el hecho que algún aspirante aplazara una materia era sinónimo de expulsión y la presión psicológica era muy aguda. Aunado a todo lo mencionado había que sumarle la exigencia física y el estrés del tiempo reducido para realizar la cantidad de trabajos exigidos por los profesores que unos eran civiles, pero la mayoría eran militares.

Las horas de estudio fueron divididas en el horario nocturno (hora de estudio libre) desde las 1930 hrs hasta las 2100 hrs, luego de esta hora existía la opción de continuar estudiando desde las 2100 hrs hasta las 0000 hrs en las aulas de clases (el cual para el aspirante era obligatorio).

Entonces, mencionado todo esto ya se imaginarán la carga física y psicológica que se llevaba para filtrar esta gran cantidad de sobre población que existía en ese momento.

Al trascurrir los días nuestro cuerpo y la mente se iban adaptando a la fatiga, al dolor y el sueño, parecíamos unos robots, hacíamos lo que se nos ordenaba, nuestros hábitos habían cambiado para bien, nuestro carácter era fuerte y no había tiempo para pensar. No quedaba mas que resistir la inclemencia de la formación y quizás en algún momento nos llegaría a gustar, porque en ese momento morir era un lujo que no nos podíamos dar.



En las noches, después de llegar al dormitorio, cambiarse de pijama y acostarse en la litera de arriba sin despertar a quien dormía abajo era frustrante porque si lo hacía, ya sabía que no podría dormir. Cuando lograba reposar mi cabeza en la almohada se despertaban sentimientos de incomodidad y debilidad porque el hecho de pensar que el día siguiente seria como el pasado, era forzoso y no puedo negar que, al punto de tener dos meses de encierro sin ver a mi familia, las lágrimas salían solas, la impotencia de pensar que así sería los 4 años me debilitaban el espíritu, pero me sentía seguro de mis límites y condiciones.

Estoy consciente que todos los cadetes en algún momento de su formación los sentimientos los traicionaron, pero es algo normal, lo anormal seria no controlarlos y no fortalecerlos, cosa que con el tiempo sería fácil de administrar. Aun recuerdo cuando nuestro comandante de compañía nos decía: “Los cadetes no deben tener tiempo para pensar”. En ese momento entendí el porque de ese dicho, el cual estaba tan ubicado en la realidad como el roble y el samán en nuestro glorioso patio de armas.

Un mes antes de la juramentación ante la bandera, nuestros padres y todos nuestros superiores, comenzamos las prácticas para el acto de investidura. Los lemas, los desplazamientos, los cantos y todo el galardón que se sentía estaban fuera de lo natural, era un sentimiento encontrado porque se sentía la satisfacción del deber cumplido, del cumplimiento de la meta a corto plazo que me había plasmado, a todo nos hacía devolver las fuerzas y el ánimo para continuar y hacer sentir a nuestros familiares orgullosos de nuestro gran sacrificio y por supuesto el de ellos.

El 11 de noviembre del año 2013 nos juramentamos como cadetes de primer año de la Academia Militar del Ejército Bolivariano, portábamos la replica de la daga del General Antonio José de Sucre que representaba el gran sacrificio que hicimos los aspirantes a cadete para obtener tan merecida arma y vestir el glorioso uniforme azul. En este momento todos lloramos de alegría, el juramento salió del corazón y nuestro cuerpo fatigado lo demostraba, encolumne, aguerrido, siempre sacando pecho y levantando la cara, nuestros familiares en ningún momento nos reconocieron. Algunos mas flacos, otros más callados, unos enérgicos y otros muy cansados fueron unas de las características visualizadas por nuestros seres queridos.



En fin, la etapa que superamos como aspirantes a cadete fue la màs pesada, la màs dura, pero fue la que nos ayudo a superar nuestros propios limites y que posteriormente nos prepararía para los retos que se nos avecinaban, las maniobra PAO, las paradas militares, los desfiles y el glorioso curso de paracaidismo militar.