Luego de haber pasado una incomoda noche, a las 0500 horas suena la diana, el alférez gritando nos levanta de la cama y todos asustados corrimos a nuestros escaparates a uniformarnos de uniforme de deporte porque sería nuestro primer trote con el general director. Luego de habernos uniformado salimos trotando en correcta formación hasta el patio de formación de las academias militares con la finalidad de estructurar una agrupación gigantesca e iniciar el maratón por el paseo de los proceres en fuerte Tiuna.



El trote tuvo una duración de aproximadamente 1 hora, cantando en todo el trayecto. Unos se cayeron, otros dejaban de gritar por el cansancio y cada vez el agotamiento era mayor pero el espíritu de cuerpo nos sometía a no parar y continuar corriendo. La emoción de hacer deporte el primer día era fantástica pero no duraría por mucho tiempo.

Al haber finalizado la actividad nos dirigimos a los dormitorios y nuevamente continuaba la locura para bañarse todo el personal.

¡Voy a contar 20 y todo el personal esta columna de a uno frente a las duchas! <gritando aclara el alférez>

En esos segundos ya todos estábamos correctamente de toalla con jabón, Champú, afeitadoras, crema dental, cepillos y todo para realizar el aseo personal.

¡Cuerda de nuevos, tienen una semana para bañarse por persona! <dice el alférez>

Lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado y domingo… ¡Salir de la ducha!

Todos asustados por la rapidez de la ducha salíamos corriendo del baño enjabonados con el champú en la cabeza y la crema dental en la boca, directamente a los escaparates a cambiarnos de uniforme para ir a formación con maletín, cuadernos y todo lo necesario para las clases. Al momento de sonar la corneta ya todos estábamos preparados para salir al patio y una vez en formación no nos esperábamos una gran pregunta que haría el ciudadano comandante de cuerpo de cadetes.

Levantar la mano derecha ¿Qué aspirante a cadete no quiere continuar con el curso? <Pregunta el comandante de cuerpo>

Resultado, cien (100) aspirantes levantaron la mano y quienes en ese mismo momento se retirarían de las instalaciones.

Luego del impacto psicológico de ver como esa cantidad de compañeros se retirarían en ese momento, las cosas comenzaban a tornar un poco mas complicadas. Al estar en las aulas de clases pudimos cruzar palabras entre los compañeros que nos encontrábamos en el curso (salón de clases) uno india (número del salón 1I) y todos de cierto modo vivimos la misma experiencia del día pasado, día que jamás podríamos olvidar por el resto de nuestras vidas.

El ingreso a las aulas de clases comenzaba a las 0730 horas y finalizaba a las 1230 horas, horario académico, horario que todos deseábamos porque era el único sitio en el que podríamos descansar a partir de ese día. Las materias eran básicas, matemática I, física I, química I, historia de Venezuela, geografía e historia universal.

Durante las horas de clases podía notar que el cansancio comenzaba a reflejarse, las piernas me temblaban, la ansiedad era notoria, tenia hambre porque el desayuno a pesar de ser bueno no era de mi agrado, pero sabía que podía disimuladamente cerrar los ojos y descansar la mente porque las materias eran tan básicas que ya poseía los conocimientos necesarios para descansar un poco mientras el profesor no me veía.

Lo mismo que hacia yo otros compañeros lo implementaron también, de tal modo que al momento de salir de clases ya habíamos descansado un poco para poder continuar con las actividades que venían, nuevamente deporte.

A las 1345 horas sonó la corneta de retirada y todo el personal se encontraba en sus dormitorios haciendo lo que más sabíamos hacer, limpiar y pagar plantón. Bajamos a formación (siempre al trote 90º) y sacaron agrupaciones por equipos deportivos, futbol, beisbol, volibol etc… Y en cada equipo se encontraban 2 o 3 alféreces de diferentes armas (especialidades), los cuales serian responsables de llevarnos hasta las áreas donde estaban los profesores que entrenaban a cada equipo.


Desde las 1400 horas hasta las 1645 horas había que estar en esa actividad. Yo me uní al equipo de futbol de la academia militar y me sentía tan a gusto haciendo lo que me gustaba que decidí optar por un puesto en el equipo.

Al llegar a los dormitorios en la hora de baño, ocurrió lo mismo que en la mañana y así serían esos próximos 13 días que restaban. La actividad siguiente fue ir a formación, luego comedor y a las 1930 horas había estudio libre hasta las 2045 horas porque a las 2100 ya debíamos estar en la cama.

¿Qué hicimos en estudio libre?

Sentarnos en las mesas que hay en los dormitorios y realizar las tareas enviadas por los profesores que dictaron las materias correspondientes al horario de clases. Solo teníamos derecho a respirar, nadie hablaba, nadie miraba a otro lado que no fueran sus libros o cuadernos, nadie pedía permiso para ir al baño ni mucho menos para levantarse. El carácter comenzaba a fortalecerse, los rostros ya no tenían una linda sonrisa, nuestros ojos comenzaban a cerrar por el cansancio, pero no podías ser detectado porque te sancionaban, las piernas dolían, los músculos pesaban y a penas era el segundo día.



A las 2100 horas ya todos estaban en cama y a las 2110 todo el mundo estaba de pie limpiando el desorden que había en el dormitorio debido a que aún no sabíamos mantener la limpieza y el orden, éramos ignorantes de como funcionaban las cosas. Los plantones se hacían largos, el amanecer no se veía venir, el frio era horrible y el piso aun no brillaba como debía verse, el baño no estaba seco como debía estar y fue no más pasadas las 0200 horas cuando nos fuimos a dormir nuevamente hasta las 0500 horas que debíamos levantarnos a trotar nuevamente.


Las actividades eran las mismas todos los días, el periodo de acondicionamiento se volvió un infierno, una locura total, pero era parte del entrenamiento físico y psicológico que debíamos tener para enfrentar los cuatro (04) años que debíamos pasar para graduarnos de oficiales de comando con el grado de teniente.

Diariamente se iban 20 o 30 aspirantes para sus casas porque no podrían continuar debido al cansancio o la fatiga que tenían, otros nos lesionamos y muchos enfermaron, lo que si era muy notable es que cada vez éramos menos y la vida del cadete comenzaba a relucir, pero lo que aún nos mantenía era el sueño con el cual ingresamos, la meta que muchos se trazaron y el orgullo de poder pertenecer a la academia militar más antigua de Latinoamérica.

Al cumplir los quince (15) días ya quedábamos menos de seiscientos (600) aspirantes, muchos queríamos desistir, algunos querían morir en el intento y otros simplemente se iban. El dolor del sacrificio de nuestros familiares para poder pagar el paquete de ingreso fue lo que a muchos permitieron continuar, pero lo mas importante es que salimos emocionados por haber aprobado esos días de infierno en la academia militar.

¿Qué viene luego de aprobar esos 15 días del curso propedeutico?

Al concluir los 15 días debíamos esperar un listado en el cual se mencionarían los aspirantes que aprobaron el curso, debido a que todo fue un proceso de evaluación tanto física como académica.

El director nos otorgò siete (07) días de permiso para recuperar las energías y quienes salieran en el listado tendrían la oportunidad de regresar como un aspirante a cadete definitivo. 



 

Nota: Algunos momentos de la historia fueron omitidos por motivos personales.